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La noche de las Estatuas (por Agapito de Cruz)

 

 Con la llegada de la primavera, las estatuas de La Orotava despiertan a la vida. Sucede sólo la noche del solsticio y es un ritual que termina al alba. Saltan de sus pedestales y corretean por las calles hasta confluir en el séptimo piso de los Jardines Victoria. En este aquelarre pétreo, bajo la luz amarillenta de las farolas, Simón Bolívar y Rómulo Betancourt gesticulan acaloradamente con Leonor Pérez mediando entre ellos. Don Bosco y el Obispo Pérez Cáceres, recuerdan el paso del Santísimo bajo la atenta mirada de El Alfombrista. Juan Dóniz tira los tejos a la princesa Dácil, mientras Telesforo Bravo observa el basalto del barranco de Araujo. Tomás Calamita compone su obra póstuma en el regazo de Capricho, que tirita de frío. Anóniman con sus frases de la autopista, disculpa su asistencia ya que cambia sus letras a media noche. La C de cultura, una mano uniendo los pueblos y la espiral de Franchi Alfaro no pueden hablar pues no tienen rostro, pero todas saben que sin ellas no existirían. De pronto, el silencio. Del mausoleo surge un profundo lamento. El fantasma de Diego Ponte del Castillo envuelve el mundo de piedra y metal de las estatuas. Sobre ellas, el rocío de sus lágrimas por habérsele negado la muerte y no existir ni en su propia tumba.

Agapito de Cruz  (para más información pincha aquí)